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martes, 20 de junio de 2017

Gracias.




Ya hace tiempo que buscaba dedicar parte de mi soledad y mis silencios a escribir unas palabras para ti, como muestra de mi eterno agradecimiento. Sabes que me animaste a imaginar y hacer posible esta ventana desde la que mirar el mundo cada vez que lo desease, para así reconocer mi interior, para ir tomando conciencia de la fortuna que es vivir. 

Siempre eres tú quien nos sorprende con el acierto de tus frases, quien nos alegra el día con solo pensar en la certeza de tu amistad, quien nos enseña con el mejor de los ejemplos, que en cada caída, lo verdaderamente importante es levantarse y continuar, y que al igual que tú, todos somos únicos, especiales, y eso debería ser motivo suficiente para sonreírle cada día a la mañana.

Siempre. Siempre estás ahí. Y es una suerte haberme podido asomar aquel día a tu ventana, la que me ha enseñado a creer en la magia, en mi misma, la que me muestra la hermosura de la vida y el inmenso poder que hay en nosotros, en lo que pensamos, en lo que decidimos ser, en nuestros deseos..

Hoy es un día muy especial para ti, (casi como un primer cumpleaños, sé que distinto..), y quería al menos regalarte un poquito de todo lo que tú nos das, aprovechar para mostrarte nuevamente mi inagotable gratitud (jamás sabré cómo devolverte tanto); y para que supieras que pienso, y siento, que eres una persona mágica, de las que contagian solo ganas, ganas de todo, de avanzar, de reír, de seguir, de ver la realidad diferente cuando se tuercen las ilusiones y los sueños... 
...de nunca olvidar lo maravillosa que es la vida a pesar de todo y de todos.

Feliz cumpleaños Alejandro, que seas muy feliz hoy y siempre!



martes, 6 de junio de 2017

Vuelvo.



Hoy vuelvo a tener unas incontrolables ganas de escribir. No me basta con dejar volar mis pensamientos más allá de los límites de mi conciencia, ni me basta con cerrar los ojos y darle así libertad a mis deseos más ocultos e inconfesables.

Necesito escribir. Necesito volver a exponerme a una hoja en blanco, que se adueñe del cajón de mis tentaciones y del libro de mis debilidades. Necesito volver a perderme en lo más profundo de mi ser. Dejarme llevar por el AMOR, en toda su inmensidad, y que me acerque al lugar de mi alma donde guardo las palabras hermosas, dulces, amorosas… Justo las que adoro leer, las que encuentro también en los poemas de medianoche y que calman mi sed... Las que recuerdo, las que me emocionan…, también las que sueño, las que sigo anhelando escuchar cada mañana con indescriptible pasión.

Ahora imagino que escribo al viento, a la luna que en soledad nos cuida y nos observa cada noche, a los atardeceres coloreados de rosas y violetas..

…y  a tus ojos.


miércoles, 31 de mayo de 2017

Sonríe siempre.



No somos conscientes del infinito valor que tiene una sonrisa. Creo que a menudo subestimamos su enorme poder transformador (en nosotros y en los demás), a pesar de que cada día son más los estudios médicos que relacionan la sonrisa con los beneficios que genera en el cerebro, y en consecuencia, en nuestros pensamientos y en la percepción que tenemos de todo aquello que nos acontece, sea bueno o malo.

Es por tanto el mejor salvoconducto que podemos encontrar desde el que alcanzar una sensación de plenitud y satisfacción tales que nos haga sentirnos felices, que nos alivie las dificultades del camino y nos muestre otra manera de ver la realidad, más positiva, más afortunada..Esto nos hará sentirnos satisfechos de quiénes somos y de la vida que llevamos, alimentará nuestra autoestima y nos fortalecerá la voluntad y el deseo.

Sé que hay días donde resulta complicado esbozar una sonrisa, donde apenas encontramos fuerzas para mantener vivas nuestras ilusiones. Todos identificamos a nuestro alrededor personas a las que nos cuesta regalarles lo mejor de nosotros mismos, de los que a menudo pensamos que no merecen tanta generosidad.

Es entonces cuando hay que creer que cuando sonreímos, no solo sonreimos a los demás, sino principalmente lo hacemos a nosotros mismos, a nuestro corazón y a todo nuestro ser. Y es esa sonrisa, espontánea o voluntariosa, la que alimenta nuestras ganas y nuestros sueños. La que transforma nuestros pensamientos y nos hace ver la realidad de una manera infinitamente más hermosa. Es esta sonrisa la que diluye la tormenta de pensamientos negativos que a veces se empeña en inundarnos de gris los días.

Solo hay que probar a sonreír más. Hacerlo siempre. Cada día. Porque siempre hay un motivo para sonreír.



“Si alguna vez no te dan la sonrisa esperada, sé generoso y da la tuya. Porque nadie tiene tanta necesidad de una sonrisa como aquel que no sabe sonreír a los demás” (Dalai Lama)




viernes, 26 de mayo de 2017

Jamás.



“Jamás duró dos noches un mal sueño”. 

Hace unos días leí esta frase (en la pluma de alguien muy especial para mí), y admito que me sedujo, como si hubiera arraigado en mis pensamientos formando ya parte de esos recuerdos que sabes que te acompañarán siempre.

Tal vez porque me hizo reflexionar sobre la inmediatez de la vida, sobre el paso fugaz del tiempo por nuestra memoria; o tal vez porque me hizo reconocer la influencia de la improbabilidad en todo aquello que nos acontece, admitiendo que es el destino el que nos marca el devenir de nuestros días con absoluta imprecisión, sin que a penas podamos hacer nada para impedirlo.

Deberíamos entonces dejar de lamentarnos cuando nos creemos inundados de mala suerte, rodeados de una injusticia que nos doblega, presos de una realidad que detestamos y que nos ancla a un sentimiento derrotista que únicamente nos lleva a la desolación y la tristeza. 

Deberíamos a estas alturas tener la certeza de que todo, absolutamente todo, acaba pasando (también lo malo). Que basta con que expire la noche y vuelva a estrenarse el sol en el cielo que nos cubre, para que la realidad, los pensamientos y lo que sentimos, se torne totalmente diferentes. Es cuestión de mirar la vida con el sosiego y la calma suficientes.

Ojalá con más frecuencia osáramos a mirarnos desde la distancia, ojalá nos atreviéramos a alejarnos de la torpe realidad que nos empuja, nos obliga y limita nuestra libertad para así permitirnos reconocer nuestra verdadera esencia. Este descubrimiento es el que nos hará sentir afortunados, únicos, y es en este instante cuando nada se nos tornará imposible. Seremos capaces de caminar solos, con paso firme,  identificando con claridad cuál es el camino a seguir, y dejando atrás cualquier dependencia, cualquier miedo, temor o inseguridad que nos impida ser quienes deseamos. 

Conseguiremos entonces  vivir en absoluta libertad, e indudablemente estaremos más cerca de alcanzar nuestros sueños.