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martes, 7 de julio de 2015

El objetivo.



Hace unos días tuve la fortuna de compartir entre amigos y buenas conversaciones un espléndido y calurosísimo sábado. Y es curioso, pero cuando ya empezaba a echar de menos encontrar un tema sobre el que poder hablar de amor, a alguien se le ocurrió casi entre bromas, lanzar un objetivo para este año: “…enamorarse!”.

Creo que aún me estoy riendo. Bueno, admito que todos nos reímos en un primer momento bastante, quizás entre una mezcla de asombro y desconcierto sin saber casi qué decir; si responder con un esperanzador “sí”, o directamente con un rotundo “jamás”. Sólo el hecho de replantearnos e imaginar cercano ese objetivo, hizo que fugazmente se tambalearan las parcelas que conforman nuestra controlada y casi resuelta existencia. Es como si enamorarnos implicara la debilidad de permitir acceder a alguien desconocido a nuestra fortificada vida, alguien que llega para robarnos parte de nosotros, indudablemente de nuestro apreciado tiempo, y con toda seguridad de nuestro amado corazón.
 
Y aunque es cierto que pocas cosas reconfortan y abrigan más nuestra existencia que un amor correspondido, que la sensación de amar y sentirse amado; lamentablemente pocas cosas son a su vez tan difíciles de conseguir, sobre todo cuándo nuestro corazón es capaz de mirar con la destreza y habilidad que te confiere el tiempo vivido y la madurez emocional. No imagino a nadie que no desee sentirse enamorado, que no anhele la sonrisa del amor, que no busque el calor de una mirada, de un abrazo, de un dulce beso.
 
Quizás el verdadero amor sea solo un sueño, quizás la realidad no nos permita encontrar aquello que apasionadamente deseamos. Quizás ni siguiera exista…

O quizás nada de esto tenga sentido ya, quizás ya me defina enamorada..



viernes, 22 de mayo de 2015

Cinco años.



Cinco años sin hablar de Ti. Sin volver a emocionarme, como con el corazón helado, como con el alma ausente. Con los sentimientos interrumpidos, latentes, cuidando cada día porque no despierten, porque no incomoden ni hagan aún más difícil, si cabe, mi involuntaria ausencia. No sé hasta cuándo seguiré añorándote. No sé hasta cuándo durará esta espesa melancolía que el sonido de los cohetes y las campanas me traen puntuales cada año.


A veces busco justificar tanta coincidencia. Busco entender por qué después de haberme acercado tanto a tus lugares, me siento más alejada que nunca. Sé que al menos me queda el alimento del anhelo de despertar de este mal sueño algún día. Que la brisa de tu mañana me renueve la ilusión y las ganas de TÍ, que me traiga nuevas vivencias, nuevas emociones, nuevas estampas. Quizás como las ya vividas, como esas que recuerdo ahora mientras deambulo entre contradictorios sentimientos. O tal vez distintas; pero ojala que impregnadas simpre de la misma magia, de la misma ilusión de niña con la que ahora imagino haberlas vivido, de la misma emoción por volver a verte, por volver a cantarte.


Mientras permaneceré esperando, paciente, con el sosiego y la calma de quien espera bajo la sombra a que pase el calor del intenso verano. Deseando que todo vuelva de nuevo, que TÚ otra vez me sorprendas, y que lo que tenga que venir lo haga siempre impregnado de tu dulce mirada.




Cinco años sin hablar de Rocío.




viernes, 15 de mayo de 2015

Sin duda.


El miércoles tuve la fortuna de vivir uno de los días más especiales de mi vida, sin duda.

A veces no nos damos cuenta de hasta que punto la mayor o menor generosidad en nuestro comportamiento o el adoptar una actitud dulce y bondadosa en relación a los demás, nos puede condicionar nuestra propia felicidad y la concepción que tenemos de nosotros mismos.

Nunca hubiera imaginado llegar a recibir las indescriptibles muestras de inmenso cariño que estos días me habéis regalado. Nunca sabré cómo agradeceros haber transformado ese día tan especial para mi, en un día mágico, rebosante de emociones, de inolvidables sorpresas, de infinitas risas. Os adoro. Sabéis que os quiero muchísimo. Que me bastan vuestras sonrisas para sentirme feliz. Que me emocionan vuestras palabras. Que siento la generosidad con la que agradecéis mi compañía e incluso mis pesados consejos.

Ya han pasado algunos días, y a pesar de ello, aún no he logrado asimilar el amor y la amistad tan sincera que me habéis demostrado.

Nunca imaginé recibir algún día tan valioso regalo. De esos que no se podrían comprar jamás, porque tienen un valor infinito. De los que se guardan en el corazón y permanecen para siempre alimentando nuestros recuerdos. De los que nos reconfortan cuando nos sentimos olvidados y nos animan a ver la vida de brillantes colores.

Este ha sido mi cumpleaños más especial, sin duda.


 
(A Gema y a Desi, a las que adoro!)




miércoles, 15 de abril de 2015

En soledad.



Cada día disfruto más cuando consigo reconocerme en casuales artículos que acostumbro leer con frecuencia. Ayer mismo, puede recrearme con la lectura de un breve texto sobre la soledad con el cual me sentí profundamente identificada.

Me encantó compartir su manera poco común de entender la soledad como un estado positivo, afortunado, lleno de privilegios; un estado muy en contraposición con la terrorífica visión que la sociedad difunde constantemente, donde pocas cosas inspirarían más tristeza y compasión que contemplar a alguien sin compañía, donde el contagio de estar solos acaba inundándonos de miedos. Es la soledad impuesta, obligada, aquella que nos impulsa a añorar lo ausente y a aislarnos frente al dolor.

Sin embargo, esta vez  la soledad se nos ofrece como algo extraordinariamente valioso, como una soledad grandiosa, gozosa, plena, elegida desde la voluntad y de forma consciente para acercarnos a nosotros mismos, para respirar, para pensar, para crecer y vivir en libertad. Todo un privilegio capaz de regalarnos la experiencia de sentirnos verdaderamente libres, como el mejor de los tesoros, como el lugar idóneo desde donde encontrar y disfrutar con la compañía de uno mismo.

Reconozco cuánto he disfrutado leyendo cada una de las palabras, y cuánto agradezco encontrarme con el inmenso regalo de reflexiones capaces de ofrecernos una visión dulce y positiva de todo aquello que nos rodea.



…”…hay otras personas que están solas y viven y brillan y se entregan a la vida de la mejor manera. Personas que no se apagan, al contrario, cada día se encienden más y más. Personas que aprenden a disfrutar de la soledad porque las ayuda a acercarse a sí mismas, a crecer y a fortalecer su interior.
Esas personas son las que un día, sin saber el momento exacto ni el por qué, se encuentran al lado del que las ama con verdadero amor y se enamoran de una forma maravillosa.”. (Teresa de Calcuta)  




sábado, 21 de marzo de 2015

Sentido crítico

Hace unos días atendí a un debate donde se cuestionaba la definición de crítica y su influencia en el comportamiento del individuo (1).

De nuevo, y de la misma forma sorprendente, he podido comprobar la falta de correspondencia entre lo que comúnmente entendemos acerca de cualquier concepto, y la influencia, que desde un punto de vista filosófico, debería significar para el individuo y su repercusión en la sociedad. Al igual que con el concepto de cultura y ser culto, donde ya comprobamos la incuestionable desconexión con el término erudito y con la mayor o menor capacidad de acumular conocimiento, ..”..cultura es solo humanidad” (2); comprobamos cómo esta escisión es también aplicable al concepto de crítica.

Generalmente la sociedad identifica la crítica a través únicamente de su imagen peyorativa, como herramienta destructiva del individuo, y no a través de su sentido positivo, de la crítica como ejercicio de inteligencia, como insustituible forma de crecer y enriquecernos a través del análisis.La crítica, o más acertadamente, el sentido crítico, es lo que nos predispone a una actitud de continua movilidad, de inquietud constante por evitar los pesados estados de conformismo y mediocridad. Nos ubica en un lugar predilecto para poner en cuestión cualquier planteamiento, lo que nos gusta y lo que no; para alejarnos en nuestras decisiones de los criterios de opinión que cada vez con más pujanza, recibimos intencionadamente a través de los medios de comunicación.

Alcanzamos el sentido crítico a través del arte. A través de reconocer la relación entre la crítica y la estética, entendiendo por estética la amplitud de formas y conocimiento desde el que aprender a enjuiciar y valorar. De ahí la importancia que debemos dar al arte, a la cultura, a la necesidad de crecer y cultivar cada día nuestra inquietud por seguir aprendiendo.


“Tiene derecho a criticar quien tiene un corazón dispuesto a ayudar” (Abraham Lincoln)




(1) Crítica (RAE);
1. tr. Juzgar de las cosas, fundándose en los principios de la ciencia o en las reglas del arte.
2. tr. Censurar, notar, vituperar las acciones o conducta de alguien.

(2) Cultura, La Escalera Azul, 7 marzo 2014.

martes, 10 de marzo de 2015

Autocontrol



Ya no me debería de extrañar cómo con cierta frecuencia, busco detenerme a reflexionar sobre los beneficios de trabajar nuestras habilidades emocionales como la mejor manera de alcanzar una vida equilibrada donde poder encontrar y valorar, la felicidad que reside en las pequeñas cosas.

En esta ocasión, deseo pararme a reflexionar acerca del importante papel que el autocontrol ejerce sobre nuestras vidas, sobre nuestro día a día, y nuestra capacidad de elegir en cada momento una respuesta emocionalmente acertada. Sobre cómo de esta respuesta dependerá indudablemente nuestra sensación de fracaso, de frustración, e incluso de sorprendente y afortunado éxito.

Puede parecer a priori contradictorio, pero es innegable que solo a través del dominio de nuestros propios pensamientos y comportamientos, logramos sentirnos verdaderamente libres y emocionalmente fuertes. Solo cuando conseguimos pensar y actuar sobrellevados únicamente por nuestra propia conciencia, siendo consecuentes con lo que verdaderamente deseamos, sin que nada ni nadie consiga contaminar todo aquello que somos, es cuando conseguiremos vivir con intensidad, en plenitud, y alcanzando todos esos innumerables momentos de felicidad que la vida nos ofrece afortunadamente cada día.

Admito que pocas cosas me han generado un mayor “beneficio” personal que cuando he conseguido decidir y actuar con libertad. Con pocas cosas he logrado crecer tanto emocionalmente como cuando, a pesar de hacerlo a contra corriente, he podido defender y así alcanzar todo aquello en lo que firmemente he confiado mis deseos, aquello a dónde he soñado llegar, quién en todo momento he osado ser.

A pesar de mi empeño, reconozco que aún quedan ocasionales momentos en los que  algo me hace perder momentáneamente el control de mi comportamiento. Es entonces cuando parece que el camino recorrido se difumina bajo mis pies. Como si de repente, me hubiera convertido en la persona que jamás he deseado ser. Como si las circunstancias me obligaran a decir lo que no pienso, a mirar como no sé hacerlo y a sentir como jamás deseé.

Ojala pronto formen parte solo del pasado..



viernes, 23 de enero de 2015

Límites.



Quizás esta vez no es la lectura de algún excelente artículo, ni alguna reflexión atendida, ni tan siquiera la necesidad de escribir sobre algún acontecimiento vivido. Esta vez, he necesitado recurrir al papel y comenzar a escribir, a dialogar casi de forma impulsiva con mi propio yo para aliviar este irrefrenable impulso que deriva de la contradicción que me invade y donde, lo que vive y siente mi interior, no puede permitirse traspasar las fronteras que los límites de mi propia piel me imponen.

Últimamente, experimento con demasiada frecuencia este tipo de impulsivas sensaciones, como si se tratara del acecho de un desconocido peligro. A veces tengo la impresión de estar acercándome a alguno de mis límites, a alguna de mis preestablecidas fronteras. A esos espacios dónde recuerdo no haber estado nunca antes, esos espacios previos a las reacciones sorprendentes e inesperadas.

Aún no he sido capaz de reconocerlo, pero empiezo a presuponer que este acercamiento acabará generando una especie de explosión, de crecimiento y apertura hacia un nuevo periodo, hacia un desconocido proceso de cambio personal, incluso ahora, cuando imaginaba el camino ya recorrido.

Quizás sea esto lo que se espera de mí. Quizás sea lo que yo misma deseo de mí. Sea como sea, reconozco estar cuando menos, expectante; e incluso nerviosa ante todo aquello que venga a re-mover mi ordenada existencia.




(a alguien que ha conseguido que descubra algo más de mi..)  



viernes, 2 de enero de 2015

Los sueños.



Incluso unos días antes de que concluyese el año que alegremente acabamos de despedir, ya elucubraba sobre cuál sería ese tema especial con el que cabría estrenar como se merece este nuevo año.

Han sucedido tantas cosas que era tentador hablar del tiempo pasado. Han despertado mi interés tantos textos, tantas reflexiones sobre un sin fin de interesantísimos temas, que parecía ineludible recurrir a alguno de ellos. Han sido tantas las emociones vividas e imaginadas que, con dejarlas fluir, justificarían cualquiera de mis palabras. Tantas las conversaciones, las risas, los momentos compartidos o no, que bastaría referirme a cualquiera de ellos para volver a emocionarme.

Pero nada de esto ha sido suficiente para despertar en mí ese extraño aliento que me impulsara a escribir por “primera” vez. Un aliento que reconozco haber sentido después de leer hace unos días una breve frase sobre los sueños¹.

Y es que no encuentro nada que justifique mejor ni de una manera tan generosa la fortuna de nuestra existencia. Nada que nos regale mejor la oportunidad de vivir con intensidad y plenitud cada segundo. Que nos decore todos nuestros escenarios de infinitas y mágicas posibilidades. Solo con el valor que demos a nuestros sueños podremos alcanzar aquello que deseamos ser.

Los sueños, los de cada uno, los vividos, los  no olvidados, los compartidos, los callados…Los sueños son el verdadero motor de nuestros días. El verdadero sol de nuestros amaneceres y la luna que observa nuestros silencios.

No podríamos vivir sin soñar. Sin pensar que soñamos. Sin saber que ahí, nadie más podrá alcanzarnos. Que en el camino de los sueños, no hay mayor obstáculo que el que se impone el que no cree en ellos…

Ojala este sea el mejor año para soñar, y vivir con los sueños..



1. Somos de quien nos teje la noche de deseo, sin necesidad de tocarnos.(M.A.C)







 

miércoles, 3 de diciembre de 2014

Felicidades.

Se que ayer casi no pude verte, y que ni siquiera el contrariado día me permitió poder felicitarte como mi corazón hubiera deseado.

Anoche pasé bastante rato pensando con qué poder sorprenderte, y nada me parecía suficiente para mostrar y agradecer la gran amistad que se que me confías. Así que he decidido obsequiarte con algo que se que a tí, mi amiga querida, tanto te gusta. He aquí mi regalo. Mis humildes palabras dedicadas a tí; inmensa, capaz, única.

Porque cada día me siguen sorprendiendo tus infinitas capacidades y tu eterna ilusión por vivir!

Ojalá el tiempo me permita, hoy y siempre, seguir aprendiendo e impregnándome de esa contagiosa pasión que te desborda y que nos inunda a todos con tu ser.

A tí, mi gran amiga..
Sabes que te quiero.



lunes, 3 de noviembre de 2014

Compartir y vivir (II)


Compartir y vivir. Así decidí titular, hace ya algún tiempo, una de las entradas a este blog que acabé dedicando a ti, mi gran amiga. 

Cómo ha pasado el tiempo, y cómo afortunadamente me reconforta pensar que estamos a punto de realizar uno de esos sueños que tantas veces ha mantenido unidas nuestras sonrisas y alimentado nuestras largas tardes de conversación.

Aún sigue pareciéndome un sueño. Creo que hasta que el aroma de sus árboles y el frescor de sus amaneceres no nos acaricien los ojos del corazón, no despertaremos de este sueño para pasar a vivir con intensidad esta mágica aventura.

Solo deseo que a nuestro regreso, algo de nosotras permanezca allí para siempre. Que nuestras ganas de volver y soñar sigan alimentando, como hasta ahora, nuestras ganas de vivir.




Bon voyage!!!




jueves, 25 de septiembre de 2014

Así empieza lo malo



Creo que se me está empezando a notar demasiado. Pero es que ya casi ni me esfuerzo en disimular lo que yo llamo mis debilidades. Y es que a estas alturas, la verdad no me apetece nada tener que justificarme cada vez que expreso cuánto me apasiona algo en la vida.

Después de esto, declaro abierta y directamente mi amor por Javier Marías, entiéndanme, por sus novelas y sobre todo por sus críticos y reflexivos escritos. El último, una fantástica entrevista de Manrique Sabogal sobre su última novela, Así empieza lo malo, (El Pais, 14 sept 2014). La entrevista nos muestra a un escritor muy cercano a las diferentes formas de representación del amor; algo que por fortuna traslada a la mayoría de sus novelas permitiéndonos disfrutar y aprender con cada uno de sus personajes.

Quizás lo más destacable sea la parte en la que habla del momento del enamoramiento como un momento marcado por una cierta obligación, por un cierto grado de forzamiento de quien toma la iniciativa. El autor considera algo extraordinario que dos personas, de forma simultánea, correspondan su amor en la misma medida. Y aunque llegase remotamente a ocurrir, no cree probable que por ello haya de durar toda la vida.

Vuelvo a esta muy de acuerdo con sus palabras.

No es que pretenda recurrir a mi yo más pesimista y racional, pero no puedo ocultar la inmediatez que deriva de deducir que, en la mayor parte de la ocasiones, la vida es previsible (el amor también). Que las casualidades son solo eso, momentos  esporádicos necesarios para aportar algo de energía a la vida. Tarde o temprano, todo se torna del mismo color. Los instantes iniciales de enamoramiento tratan de cegarnos esta evidencia ofreciéndonos un amplio abanico de fantásticas y teatrales opciones entre las que elegir. Todas estas opciones comparten el mismo previsible final feliz que anhelamos obtener. Se transforman en esa ilusionante historia que deseamos vivir a toda costa, aun a sabiendas que la probabilidad de que las cosas se sucedan tal y como pensamos, tal y como deseamos, es remotamente escasa.

De la aceptación dependerá nuestra felicidad.



lunes, 1 de septiembre de 2014

Amor sabio


Ayer el domingo amaneció obsequiándome con un maravilloso artículo de Raimón Samsó, Relaciones conscientes.(agosto, EPS).

Hacía tiempo que no leía una reflexión con la que me identificara tanto, con la que cada una de las palabras pareciera haber salido de la utopía de mis pensamientos. Resultó ser uno de esos artículos que siempre acabo releyendo varias veces; y hasta subrayando sus frases como creyendo así memorizarlo para siempre.

Me entusiasma cómo su autor trata de presentarnos el amor y las relaciones de pareja desde un enfoque que dibuja  tan acertado como poco frecuente. Nos habla de las rupturas, de la soledad, de la dependencia emocional y el apego. Trata de hacernos entender, desde la mayor de las amabilidades, que no deberíamos encontrar dramatismo entorno al amor, que no sería entonces un amor sano y verdadero.

Centra su reflexión en la búsqueda del equilibrio emocional individual como único punto de partida que garantice el éxito en las relaciones presentes y futuras.  Sus palabras se expresan de una forma tan evidentemente lógica, que parece no conseguir entender por qué seguimos empeñados en verlo todo a través de la visión teatral y romántica que sólo nos causa confusión y fracaso, y con ello dolor y miedos.

Si invirtiéramos tan solo la mitad de las energías con las que a veces nos empeñamos en encontrar tal o cual persona en encontrarnos a nosotros mismos, a nuestro verdadero yo; en enriquecer nuestros días, en alegrar nuestro rostro, en aumentar nuestras inquietudes, nuestras ilusiones,…; nos convertiríamos en esas personas completas de las que habla Raimón, capaces de ser felices por ellas mismas. Personas cuya felicidad no depende del apego a los demás ni se sienten temerosas de caminar las distintas etapas que la vida les va ofreciendo, aunque algunas transcurran en sorprendente soledad. Personas seguras, conformes y contentas consigo mismas. Como poseedoras de una luz especial y de una continua sensación de plenitud que las hace sentirse tremendamente afortunadas.

Nos permitiría situarnos en un lugar privilegiado e independiente de cualquier circunstancia o realidad que nos acompañe en cada momento, y esto restaría cualquier indicio de dramatismo a nuestras decisiones. Dispondríamos de un tiempo infinito, y unas ganas y entusiasmo suficiente como para vivir con plenitud cada segundo. Nos mostraríamos a los demás como personas risueñas, alegres, positivas; llenas de esa frescura y atractivo del que nos habla en el artículo.

Solo así sería más sencillo encontrar lo esperado.




“…sé tú  la persona que quisieras tener a tu lado, y tarde o temprano aparecerá y se fijará en ti..” (Raimón Samsó)



http://elpais.com/elpais/2014/08/29/eps/1409308353_970041.html


viernes, 29 de agosto de 2014

Justo lo que esperaba


Ahora que el verano parece no querer despedirse nunca y antes de que el otoño que se aproxima empiece a llamar a las puertas de nuestra nostalgia, admito aprovechar mi incipiente deseo de escribir para reflexionar sobre este último verano.

Quizás lo más sorprendente y más extraordinario de este tiempo vivido haya sido precisamente eso, la falta de inconsecuencias, la total ausencia de comportamientos no esperados, de falsas distracciones e inútiles pérdidas de tiempo por pretender llenar, a toda costa, de injustificada actividad cada minuto; algo a lo que, de forma irrefrenable, tenemos tanta tendencia; aún lamentándonos y siendo conscientes de ello.

Por primera vez mi verano se ha inundado de sosiego, de quietud, de privilegiados momentos donde ralentizar el pulso frenético que marca implacable nuestro día a día. Ha estado plagado de amaneceres nuevos, de miradas llenas de luz, de risas contagiosas, de exclusivos escenarios donde convertir el silencio en protagonista. El tiempo ha permanecido absorto en esos momentos únicos permitiéndome encontrarme conmigo misma, como ensimismado de pensamientos ilustres con los que a menudo dialogar hasta parecer enamorada de sueños alcanzados.

Esta vez tenía que ser diferente. Después de haber defendido en tantas ocasiones el camino de la calma y el sosiego como inestimable oportunidad para aprender a ser más felices,  no hubiera justificado cualquier otra opción para concederme sentirme feliz.

Resulta verdaderamente difícil explicar lo que podemos llegar a sentir cuando obtienes de la vida justo lo que deseas de ella, justo lo que deseas de ti misma. Cuando pareces estar exactamente en el punto donde anhelabas después de haber dejado atrás un camino lleno de esfuerzos y tentadoras renuncias.

Y lo mejor siempre quedará en el privilegio de haber podido compartirlo, desde la pretensión del contagio, con la gente que verdaderamente te quiere.

Era justo lo que deseaba, lo que esperaba de mí. 




martes, 3 de junio de 2014

Amor absoluto



No es la primera vez que hablo de la capacidad de amar incondicionalmente como la única clave para ser feliz.

En esta ocasión, he podido volver a reafirmar esta teoría después de atender desde la curiosidad, a una reciente entrevista realizada a Tulku Lama, lama tibetano. En sus palabras, describe la manera en la que sólo a través de la conciencia plena, de la calma y el silencio, se alcanza el camino del amor. De ese amor que él mismo define como el amor incondicional. Un amor absoluto e indestructible.

En su representación del amor llega incluso a distinguir una serie de grados. Estos irían desde el amor externo o del cuerpo, aquel que captamos únicamente a través de los sentidos; al amor de la mente, aquel que llega a alcanzarse desde la sabiduría. Nos indica cómo a través de la meditación, facilitamos llegar a descubrir ese amor absoluto que hay ineludiblemente en nosotros. Un amor absoluto que se convierte en la mejor medicina del cuerpo, del alma y de la vida.

Lo verdaderamente extraordinario es que todos tenemos esta capacidad de amar incondicionalmente. Quizás lo que resulte más difícil sea llegar a ponerlo en práctica. Para ello, también expone tres aspectos o pensamientos fundamentales a seguir, basados en el concepto y en la práctica de la bondad:

Lo que tú quieres, yo lo quiero.
Lo que yo tengo me gustaría que lo tuvieras tú.
Todo lo que no quiero para mí, tampoco lo quiero para ti.

Es entonces cuando se alcanza el amor verdadero. Ese amor que nos hace libres. 



“El amor que mana de nosotros mismos cuando conseguimos acallar la mente, es la mejor medicina..” (Tulku Lama)



jueves, 15 de mayo de 2014

Ejercicio de empatía



A consecuencia de este desmesurado interés por todo lo que está relacionado con el crecimiento personal y emocional, reconozco que últimamente procuro no perderme ninguna de las apariciones que hacen mis autores favoritos siempre relacionadas con el desarrollo personal.

Hace algunos días escuché con atención una conversación sobre la felicidad. En ella, el psicólogo Rafael Santandreu describía los tres parámetros fundamentales que nos pueden acercar a ella. Los enumeraba como la capacidad de gestionar nuestros pensamientos y con ello controlar nuestros diálogos internos; también habló de la habilidad de no dramatizar, de no terribilizar, como a él mismo le gusta referirse, y por último, de alcanzar la madurez suficiente para entender que las personas no son perfectas, que a menudo tenemos comportamientos imperfectos.

De estos tres pilares de la felicidad, me apetece detenerme a reflexionar un poco sobre la voluntad de entender que la gente que nos rodea no es perfecta, que nosotros mismos no gestionamos un comportamiento siempre acertado.

Disponer de la generosidad suficiente para aceptar la diversidad de situaciones a las que nos enfrentamos cada día es fundamental para sentirnos felices.

No veo posible llegar a sentir tranquilidad, sosiego y felicidad, si nuestros pensamientos, y con ello nuestro corazón, están más ocupados de “observar” y juzgar las distintas respuestas que nos llegan del exterior, que de aceptar y comprender que cualquiera de nosotros somos susceptibles de actuar de idéntica manera si la realidad de partida fueran las mismas.

Si tratáramos de hacer este conciso ejercicio de empatía, de cambio de papeles, si aplicáramos un extra de comprensión y generosidad ante cada situación discrepante, nos resultaría mucho más sencillo desdramatizar todo aquello que nos llega de los demás y no compartimos. Si consiguiéramos quitarle importancia a todo lo que a priori nos molesta de los demás, si nos esforzáramos en intentar relativizar las situaciones conflictivas, en suavizar los comentarios negativos, seguramente nuestro equilibrio emocional permanecería intacto. Nuestra felicidad sería mayor.





martes, 29 de abril de 2014

La Metamorfosis

Todo comenzó una tranquila sobrecena, en la que como viene siendo habitual en mí, me predispuse a atender a uno de esos debates de La dos, a los cuales admito estar profundamente enganchada. En ellos, personajes de todos los ámbitos artísticos y culturales y sobre todo filósofos, dialogan con verdadera genialidad sobre cualquier apasionante tema.

Recuerdo cómo entre tanto pensamiento y tanta conversación a cuál más interesante, conseguí apropiarme de la reflexión que hacía Joan Carles Melich¹, sobre una frase de George Steiner², “…Quien haya leído La metamorfosis de Kafka y pueda mirarse impávido al espejo será capaz, técnicamente, de leer la letra impresa, pero es un analfabeto en el único sentido que cuenta..”. Sobre ella, el profesor afirmaba con vehemencia que nadie debería volver a ser el mismo después de enfrentarse a dicha obra. Aquella frase se convirtió en todo un ejercicio de provocación, de sutil forma de tentar mi lado más osado y a la vez curioso. 

Al día siguiente, y como esas adolescentes que esperan alocadas ser las primeras en acceder al concierto de sus ídolos, ya estaba plantada delante del mostrador de la mejor de las librerías, o al menos la que yo consideré en ese momento que no me defraudaría y dispondría en el acto del tan valioso y ansiado ejemplar. Mi inconsciente y desmesurado interés por su lectura se acentuó más si cabe cuando el dependiente, tras mi solicitud, y mientras lo buscaba entre las estanterías desbordadas de curiosidades e historias, ilustró mi espera con una de esas preguntas tan insospechadas como sorprendentes, con la cual mostraba su interés por el motivo que me había impulsado a desear leer a Kafka.

Aún recuerdo ese momento como si ambos, de repente, nos hubiéramos traslado a aquella atractiva mesa de discusión y debate. Como si ya desde antes de su lectura, el libro me incitara a la reflexión de la forma más explícita posible. Como si el ansia y la curiosidad iniciales, comenzaran a obtener los primeros frutos y un impulso irrefrenable me atrajera hacia su lectura más íntima.

Desde el principio todo pareció tornarse mágico, como si el fantástico mundo de Kafka hubiera empezado a envolverlo todo desde aquel preciso momento. El proceso de lectura no me defraudó. Se tornó tan breve como intenso. Tan sorprendente, como su atípico final, el cual no adelanto no solo para seguir alimentando la curiosidad por su lectura, sino porque estoy convencida de que hay tantas lecturas diferentes como lectores decidan enfrentarse a él.

Quizás, y desde mi experiencia personal, uno no vuelva a ser el mismo, es algo que aún desconozco. Lo que sí he concluido es que ayuda a encontrarnos con nuestro propio yo, con nuestra propia identidad y nuestro papel en la vida. A cuestionarnos si estamos siendo lo suficientemente egoístas como para alimentar nuestros pensamientos únicamente con todo aquello que nos impulsa a avanzar y a crecer. A reflexionar sobre si poseemos la voluntad suficiente como para alejarnos de todo aquello que nos resta energía, que nos contamina de negatividad y derrotismo.

Con más frecuencia deberíamos detenernos a pensar y reflexionar sobre qué es lo que conforma nuestra individualidad, sobre todo aquello que nos hace únicos y especiales, y por encima de todo, valorar la fortuna que encontramos en todo ello.

(1) Profesor de filosofía de la Universidad Autónoma de Barcelona

(2) Escritor, profesor y teórico de la literatura, Paris 1929.






lunes, 7 de abril de 2014

Mariposas.

Me encanta encontrarme de vez en cuando con alguna de esas frases que definiría como reveladoras. Esas frases que parecen remover nuestra más dormida curiosidad y consiguen incluso despertar nuestra inquietud por detenernos y reflexionar un instante.
Hace unos días me topé con una que captó mi interés de forma especialmente poderosa:

                     “El amor es como las mariposas: si las persigues desesperadamente se alejan, si estás quieto se posan en ti…” (Tagore)

Supongo que me gustó tanto porque resume mis pensamientos acerca del amor y, más especialmente, acerca de las diversas maneras de encontrarlo. Porque define de una forma bellísima el papel protagonista que la calma y el sosiego, la paciencia y la paz con uno mismo, deberían tener ante la predisposición de la búsqueda del amor.

No creo en esa especie de falso ajetreo, de incómoda impaciencia que parece perturbar a los que se predisponen  a una búsqueda activa del amor. No comparto el carácter de profesionalización con el que en los últimos tiempos se nos está vendiendo ese periodo previo de búsqueda del ansiado enamoramiento. Como si todo se tradujera a la simple ejecución de un plan ordenadamente pensado y a la vez, dudosamente eficaz. Como si bastara con ponernos en manos de una de esas empresas tan de moda que se encargan de prepararnos para todo. Para conseguir el mejor trabajo, ser las mejores mamás, tener la mejor forma física…y así un larga lista de mejoras, entre las que por su puesto está la de: mejore su vida encontrando el amor. Verdaderamente increíble.

Prefiero seguir creyendo en la improbabilidad de la vida, en su capacidad de sorprendernos día a día. En permitirnos soñar con el más impensable de los escenarios, de los encuentros.

Seguiré observando mariposas..



viernes, 21 de marzo de 2014

Sensibilidad moral



Cada día encuentro un motivo más hacia el convencimiento de las virtudes de perseguir una vida pausada, una vida donde los momentos de silencio y de reflexión personal se conviertan en parte de la necesaria rutina de nuestro día a día. Ayer justamente encontré el último en una entrevista al filósofo Francesc Torralba. En ella relacionaba el perdón y el arrepentimiento con la capacidad, casi diaria, de reflexionar y de tomar conciencia acerca de la repercusión que nuestros propios actos llegan a ejercer en los demás, en particular aquellos que generan algún malestar e incluso dolor.

Hablaba de la importancia de tener una sensibilidad moral suficiente. Aquella que nos permita  admitir la posibilidad de equivocación en nuestro comportamiento, que nos permita reconocer cuándo no actuamos de forma correcta y que nos ofrezca distinguir el daño que, a consecuencia de todo ello, causamos indefectiblemente a los demás. Defendía este camino como la única manera de llegar a alcanzar un arrepentimiento verdadero; un arrepentimiento donde la voluntad de aprender de los errores y el compromiso de no volver a caer, sea lo que nos facilite disfrutar del generoso regalo del perdón.

A menudo me pregunto si no será este también un motivo más para refugiarme en todas y cada una de las palabras que dibujan las reflexiones en este blog.. Si la búsqueda y anhelo constante a dialogar con él, no son más que una excusa para conseguir esos momentos personales de silencio y reflexión donde reencontrarme conmigo misma, y con mis actos.

Deseo que sea así.




“..La persona que no es capaz de perdonar no es capaz de amar…” (Martín Luther King, 1929)